El logotipo de Lisboa no puede ser más emblemático, y su historia se remonta más atrás de lo que imagina.

En 1173, el rey Afonso I ordenó que se devolvieran los restos de San Vicente. Se suponía que el santo estaba enterrado en el extremo más suroccidental de Portugal, Cabo Vincente. Sin embargo, el Rey quería que sus restos estuvieran en la recién reconquistada ciudad de Lisboa.

En el viaje, dos cuervos se sentaron a ambos extremos del barco, salvaguardando sus reliquias, un acto tan emblemático que se mantuvieron cuervos vivos en la catedral de Lisboa durante más de 800 años. Una tradición que se interrumpió en los años setenta por la preocupación por su bienestar.

Este viaje por mar no sólo creó el logotipo de la ciudad, sino que también convirtió a San Vicente en protector de marineros y navegantes.