Según la BdP, se prevé que el 70% de los nuevos contratos se prolonguen hasta que los solicitantes tengan 70 años o más, lo que preocupa a la BdP.
La advertencia llega en un momento en que los ingresos pueden disminuir tras abandonar el mercado laboral, lo que puede aumentar el riesgo de impago. Por ello, el supervisor de la BdP ha recomendado que los plazos de los préstamos no superen los 30 años para evitar este tipo de riesgos.
Sin embargo, la realidad portuguesa difiere de la recomendación. En 2025, el plazo medio de los nuevos préstamos hipotecarios era de 32 años, dos años por encima del plazo recomendado y siete años por encima de la media europea.
La BdP también revela que están aumentando los plazos de amortización de los préstamos más largos. En conjunto, los contratos con plazos de 30 a 40 años representan el 60% de todos los nuevos préstamos, destacando los plazos de financiación de 37 a 40 años.
El alargamiento de los plazos se explica por el mayor número de jóvenes que recurren al crédito, financiado íntegramente por el Estado, que puede solicitarse a partir de los 35 años.








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