El nombre lo dice todo. Boca do Rio. Boca del Río.

Un pequeño y encantador río se encuentra aquí con el Atlántico. Escondido entre acantilados dorados, en algún lugar entre Salema y Burgau. No hay bar. Sin socorrista. No hay multitudes. Sólo el océano haciendo lo que siempre hace.

Pero fíjese un poco más en la costa.

Los romanos estuvieron aquí mucho antes que cualquier turista. Boca do Rio fue una vez el hogar de los romanos. Había un asentamiento con baños, almacenes, mosaicos e incluso una fábrica de salazón de pescado.

En los acantilados orientales también hay un fuerte en ruinas. Destruido por el terremoto de 1755. Nunca se reconstruyó del todo.

La historia tiende a acumularse en lugares como éste, donde los ríos se encuentran con el mar.

Uno de los últimos rincones realmente tranquilos del Algarve. Y una joya escondida para los que disfrutan de un poco de naturaleza en sus playas.