A medida que los vuelos descienden hacia Faro, el paisaje se rompe en capas de color que parecen pintadas. Salinas de color rosa suave se asientan junto a aguas de color turquesa pálido. Los naranjales de un verde intenso dan paso a campos secos y dorados, y los sinuosos canales de la ría Formosa lo atraviesan todo como venas.


Es uno de los pocos lugares de Europa donde la geografía crea un fuerte contraste en un espacio tan reducido. Los colores cambiantes suelen estar determinados por la luz de la región, que desde hace tiempo atrae a fotógrafos y cineastas, pero también por la mezcla de humedales, producción de sal, tierras de cultivo y costa.


A determinadas horas del día, sobre todo a primera hora de la mañana o a última de la tarde, los colores se intensifican aún más desde el aire.


Para muchas personas que llegan a Faro, es el primer recordatorio de que el Algarve no son sólo playas y centros turísticos. Es un paisaje con texturas y capas que tienen un aspecto completamente diferente según la estación, la marea y la luz.