"Una de las mayores profecías de Fátima para nuestro tiempo es que la humanidad encuentra la paz redescubriendo que es familia; aquí, nadie es extranjero ni está solo", dijo Rui Valério en la misa de clausura de la peregrinación a Fátima del 12 al 13 de mayo.

Ante los miles de congregados, Rui Valério comenzó declarando que Fátima "no es sólo un destino", sino "un punto de lanzamiento, un punto de envío".

"Vinimos como peregrinos y nos vamos como discípulos misioneros. Nuestras experiencias -sufrimiento, oración, silencio, conversión, reconciliación, comunión- no deben quedarse en Cova da Iria, sino entrar en nuestras casas, familias, ciudades, lugares de trabajo, escuelas, relaciones, heridas, alegrías, lágrimas y sonrisas", prosiguió.

El patriarca explicó que el Mensaje de Fátima importa de verdad cuando se convierte en misión. Subrayó que ser cristiano comienza cuando uno va más allá del enfoque en uno mismo.

"Los cristianos ofrecen más que palabras; ofrecen una luz recibida, un corazón renovado y una paz que nace de la contemplación. Así, Fátima trasciende la devoción; es "una escuela para la transformación profunda", remarcó.

Rui Valério subrayó que en Fátima, "la humanidad redescubre su camino cuando levanta su mirada hacia Dios". Destacó que "en María, surge una nueva humanidad", que une corazones reconciliados, donde "los otros dejan de ser amenazas" para ser reconocidos como hermanos.

A los 180.000 peregrinos, Rui Valério señaló que la "inmensa multitud reunida en oración, venida de muchos lugares, lenguas e historias", les recordaba que están unidos por la misma luz.

El Patriarca recordó a los fieles que no basta visitar Fátima o admirarla, sino que hay que encarnar lo que representa y vivir su mensaje: "No basta encender la vela, es necesario convertirse en luz".

"No basta con pasar por este lugar sagrado; debemos dejar que su espíritu fluya por toda nuestra vida", insistió, instando a los peregrinos a llevar esperanza a los desanimados, curar a los enfermos, abrazar a los excluidos, compartir la reconciliación allí donde haya división y fomentar la paz allí donde la violencia amenace con instalarse.

Hoy se cumplen 45 años del atentado contra el Papa Juan Pablo II (1920-2005) en la Plaza de San Pedro de Roma, cuya bala quedó alojada en la corona de la imagen de la Virgen.

En la misa se utiliza un cáliz que el Papa polaco ofreció al santuario durante una de sus tres visitas a Fátima.