Los animales mencionados fueron criados y trasladados a la isla de Bugio, en el archipiélago de Madeira, con el fin de restaurar el hábitat y favorecer la biodiversidad de la isla. Esta medida refleja el esfuerzo por salvar a estos caracoles, al borde de la extinción, que fueron trasladados a una isla donde no hay presencia humana.
Antes de esta iniciativa, varios zoológicos intentaron salvar a esta especie de molusco de la extinción, ya que se encontraron 21 ejemplares a punto de morir, tal y como mencionó el zoológico de Chester.
El zoológico, citado por Fox Weather, afirmó que «a lo largo de unos cientos de años, los seres humanos lograron destruir los bosques de las islas e introdujeron conejos y cabras, lo que impidió que las plantas autóctonas volvieran a crecer».
Desde entonces, se han criado más de 300 caracoles en el zoológico británico y se han liberado en su hábitat natural, en este caso en Portugal. Estas criaturas también desempeñan un papel fundamental en el ciclo de los nutrientes, ya que descomponen la materia orgánica.
El zoológico señala además que los caracoles no miden más de 8 milímetros; sin embargo, son de enorme importancia para los ecosistemas, ya que enriquecen el suelo y se alimentan de la vegetación.









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