Encargada inicialmente por el infante D. Francisco de Bragança, la finca sirvió como un opulento refugio real de verano, con setos geométricos de boj, terrazas geométricas y elaboradas fuentes.

En el corazón de estos jardines históricos se encuentra su elemento más impresionante: la monumental cascada y su legendaria Fontaine de Diana (Fuente de Diana). Esculpido por Joaquim Machado de Castro, el escultor más destacado de Portugal de la época, el conjunto escultórico recrea una escena mitológica clásica. Varias estatuas representan un tema mitológico muy popular.

La pieza central es la diosa Diana bañándose cerca de la cueva donde su amado pastor, Endimión, duerme un sueño eterno, flanqueada por intrincados chorros de agua y representaciones alegóricas de las estaciones.

La propia fuente está tallada de tal forma que parece haber sido hallada bajo el agua, un motivo habitual en Portugal y, por supuesto, profundamente simbólico.

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Aunque ha resistido siglos de agitación política y cambios en los gustos, este santuario real oculto sigue siendo un extraordinario refugio urbano. Pasear hoy por sus grutas de piedra y entre sus figuras mitológicas es adentrarse directamente en los intereses de la aristocracia de antaño. La fe católica se combinaba a la perfección con la simbología «pagana».