Las pruebas de ADN confirmaron la especie, que ya había sido identificada en Italia. El hallazgo pone de relieve el valor ecológico de unas praderas gestionadas con esmero y refuerza el papel de la ciencia ciudadana para descubrir y proteger la biodiversidad.
El descubrimiento, realizado por voluntarios locales, forma parte de un proyecto regional más amplio que promueve la biodiversidad y el compromiso público con la naturaleza. Los expertos señalan que estos hongos indican la existencia de hábitats ricos en especies, favorecen los polinizadores, la salud del suelo y el almacenamiento de carbono, al tiempo que fomentan una mayor participación en las iniciativas de seguimiento de la vida silvestre en toda la región.








