Las sesiones supervisadas o en grupo resultaron especialmente beneficiosas para la depresión, mientras que la actividad de menor intensidad fue útil para la ansiedad, con efectos comparables a los de la medicación o la terapia.
Créditos: Unsplash; Autor: Patty Brito;
La revisión sintetizó pruebas procedentes de múltiples revisiones sistemáticas y metaanálisis de diversas poblaciones. Los investigadores descubrieron que los programas estructurados producían mayores mejoras que el ejercicio no supervisado. Los autores subrayaron que la actividad física debe complementar, no sustituir, los tratamientos clínicos establecidos, sobre todo en los casos moderados a graves.








