La Basílica da Estrela es mucho más que una obra maestra de piedra: es un monumento materializado a la devoción de una madre y a la ambición de una reina. La reina María I, primera reina regente indiscutible de Portugal, prometió construir este santuario si se le concedía un heredero varón al trono. Tras el nacimiento de José, Príncipe de Brasil, la construcción comenzó en 1779. Es realmente fascinante considerar que ésta fue la primera gran iglesia construida en Lisboa tras el devastador terremoto de 1755, señal de un periodo de renacimiento arquitectónico y resistencia real.

Trágicamente, el príncipe falleció de viruela antes de que se terminara la basílica en 1790, lo que dio un sentido de "saudade" a sus grandiosos salones. La propia Reina descansa ahora aquí, lo que la convierte en el único panteón real de la dinastía Braganza situado fuera de un monasterio. Desde su intrincado belén hasta el vasto interior de mármol multicolor, cada detalle susurra historias de la corte del siglo XVIII. Estar entre sus luminosos muros es contemplar la frágil intersección entre el poder real y el dolor humano. Sigue siendo un capítulo esencial de la historia de Lisboa. Se ha convertido en un verdadero hito de la zona.