En aquel momento, hablábamos de un proyecto ambicioso, una tecnología diferenciadora y una oportunidad que podría situar a Portugal a la vanguardia de la economía azul europea. Menos de un año después, esta visión ya no es solo un proyecto. Portugal ha concedido, por primera vez en su historia, una autorización para una instalación de acuicultura en alta mar. Y este momento merece ser destacado, no solo por el éxito de Mariculture Systems, sino por lo que representa para el futuro del país.

A primera vista, puede parecer simplemente otra licencia administrativa más. Pero quienes siguen este sector saben que nos encontramos ante un auténtico hito. El proyecto Coralis, situado a unos 15 kilómetros de la costa del Algarve, tendrá capacidad para producir hasta 8.000 toneladas de pescado al año en pleno Atlántico. Más importante que las cifras es la señal que Portugal envía al mercado internacional: el país está preparado para desarrollar una nueva generación de proyectos relacionados con el mar, basados en la tecnología, la innovación y la sostenibilidad.

Este paso cobra aún más importancia si analizamos la realidad europea. Alrededor del 85 % de la lubina y la dorada que se consumen en la Unión Europea son importadas y, en Portugal, aproximadamente 20 000 de las 25 000 toneladas que se consumen anualmente proceden del extranjero, principalmente de Turquía y Grecia. Esto demuestra que la seguridad alimentaria ya no es solo una cuestión agrícola o pesquera. Se ha convertido también en una cuestión estratégica para Europa.

Es precisamente aquí donde Portugal puede desempeñar un papel mucho más relevante de lo que a menudo imaginamos. Contamos con una de las zonas económicas exclusivas más extensas de Europa, centros de investigación de excelencia, empresas tecnológicas vinculadas al mar y unas condiciones naturales únicas para desarrollar soluciones de acuicultura en alta mar. Llevamos años hablando de la «economía azul» como un enorme potencial. Ahora, por fin, estamos empezando a ver cómo se materializa a través de proyectos que pasan de la teoría a la práctica.

Por supuesto, esto es solo el principio. Como ha dicho el propio Peter Beringer, el gran reto ahora es acceder a la financiación necesaria para acelerar el crecimiento de este sector. La tecnología existe, el conocimiento existe y el marco normativo por fin ha comenzado a adaptarse a esta evolución. El siguiente paso será garantizar que los instrumentos financieros y las políticas públicas también puedan seguir el ritmo de la innovación.

En los últimos años he defendido que Portugal no debería considerar el mar únicamente como un patrimonio histórico o un destino turístico. El Atlántico puede convertirse en una de las mayores plataformas económicas del siglo XXI, a través de la energía marina, la robótica submarina, la vigilancia oceánica, la biotecnología marina, los cables submarinos y, por supuesto, la acuicultura en mar abierto.

Por lo tanto, esta noticia va mucho más allá del éxito de Mariculture Systems. Representa un momento importante para la economía azul portuguesa y merece un reconocimiento a Peter Beringer y a todo su equipo. El espíritu emprendedor en ámbitos donde aún no hay un camino trazado implica enfrentarse a retos que pocos conocen. Cuando el primer proyecto logra superar estas barreras, abre las puertas a muchos otros.

En mi opinión, esta es una de esas noticias que pasan desapercibidas, pero que dentro de unos años podremos recordar como uno de los momentos en los que Portugal comenzó verdaderamente a transformar el potencial de su mar en una nueva industria. Porque algunas licencias autorizan proyectos. Otras inauguran el futuro.