Los científicos afirman que el hallazgo es significativo, pero subrayan que no hay motivo para que la población se alarme.

Esta especie, originaria de algunas zonas de Sudamérica, como Chile, Argentina y Brasil, se considera una de las arañas de mayor importancia médica del mundo, ya que su veneno puede, en casos excepcionales, provocar graves lesiones cutáneas. A pesar de ello, los expertos destacan que la araña es de naturaleza tímida y evita el contacto con las personas siempre que puede.

El primer ejemplar fue descubierto por casualidad en septiembre de 2025 en una pared del Campo dos Mártires da Pátria, en Oporto. Posteriormente, en enero de 2026, se recuperó un segundo ejemplar de una trampa adhesiva, lo que confirmó la presencia de la especie en la ciudad. El descubrimiento fue documentado por investigadores del Museo de Historia Natural y Ciencias de la Universidad de Oporto.

El entomólogo José Manuel Grosso-Silva afirmó que la probabilidad de encontrarse con la araña o de ser picado por ella sigue siendo baja debido a su comportamiento reservado. Aunque las picaduras son poco frecuentes, pueden provocar lesiones cutáneas dolorosas y, en casos excepcionales, complicaciones médicas más graves.

Los investigadores creen que lo más probable es que la araña llegara a Portugal a través del comercio internacional, ya que la especie se ha extendido anteriormente más allá de su área de distribución nativa al viajar de forma inadvertida en mercancías transportadas. Aún se desconoce si la población se limita a Oporto o si se ha establecido en otras partes del país.

Los científicos también señalan que en Portugal ya habita otra araña reclusa, la reclusa mediterránea (Loxosceles rufescens), presente en Europa desde hace siglos. Dado que ambas especies comparten características similares, es posible que la reclusa chilena se haya confundido anteriormente con su pariente mediterránea.

Los investigadores afirman que será necesario un seguimiento más exhaustivo para determinar la verdadera distribución de la especie. Por el momento, aconsejan a la población que no cunda el pánico, ya que explican que la araña no es agresiva y, por lo general, solo pica cuando se ve acorralada o amenazada.