Esta innovación es fruto de la colaboración entre la Universidad de Ryukoku y la empresa Kakinki Fireworks Industry. Los lanzamientos de prueba demostraron que la mayoría de los fragmentos de los proyectiles desaparecían en un plazo de tres a cuatro días tras la lluvia, lo que ofrece una alternativa más respetuosa con el medio ambiente para los fuegos artificiales y contribuye a reducir el impacto medioambiental.

Los nuevos proyectiles están fabricados en parte con una resina soluble en agua diseñada para descomponerse de forma natural tras los espectáculos pirotécnicos. La empresa ya ha comenzado a fabricar y comercializar estos fuegos artificiales ecológicos, que se han utilizado en eventos públicos y se espera que se utilicen en más espectáculos a medida que crezca la demanda de celebraciones respetuosas con el medio ambiente.









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