Desarrollada por la empresa británica Stablepharma, esta vacuna en polvo puede conservarse a temperatura ambiente hasta un año antes de mezclarse con agua. Los científicos afirman que esta tecnología podría reducir el desperdicio de vacunas y simplificar su distribución a nivel mundial.

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Los científicos afirman que, a nivel mundial, se desperdicia aproximadamente la mitad de las vacunas debido a que se exponen a temperaturas inadecuadas durante su almacenamiento y transporte. Los investigadores creen que las formulaciones a temperatura ambiente podrían ayudar a superar los retos de la cadena de frío, especialmente en zonas aisladas. En el estudio de fase I participaron 60 voluntarios, aunque los investigadores subrayan que aún se necesitan ensayos clínicos a mayor escala para confirmar la seguridad y la eficacia de la vacuna.