La reunión, que se prolongó durante más de 14 horas, no logró alcanzar un acuerdo sobre cuestiones importantes —por ejemplo, los precios de la energía y las negociaciones sobre el próximo presupuesto plurianual de la Unión Europea—, lo que puso de manifiesto las profundas divisiones existentes entre los Estados miembros y dejó al ex primer ministro portugués expuesto a críticas por la forma en que dirigió los trabajos.
El momento de mayor tensión se produjo durante el debate sobre el ETS2, el segundo régimen de comercio de derechos de emisión de la UE, que incluye la calefacción y el transporte.
Facturas energéticas
Un grupo —formado por Alemania, Francia, España, Portugal y los países nórdicos— estaba en desacuerdo con otro grupo compuesto por Italia y el Grupo de Visegrado (formado por Polonia, Chequia, Eslovaquia y Hungría), insistiendo este último en que la medida debía posponerse para reducir su impacto en las facturas de energía.
Debido al estancamiento de las negociaciones, se canceló una rueda de prensa que estaba prevista, y algunos diplomáticos culparon a Costa de haber perdido el control de la reunión y de no haber gestionado con rapidez las enmiendas propuestas.
Al mismo tiempo, la forma en que el presidente del Consejo Europeo está gestionando las negociaciones sobre el presupuesto plurianual —que pretende concluir antes de que termine el año, con una cumbre extraordinaria prevista para el 26 de noviembre— ha suscitado preocupación, especialmente entre los Estados miembros del norte, conocidos como los «frugales», que acusan a António Costa de inclinarse a favor de las posiciones adoptadas por los Estados miembros del sur.
Aunque varias delegaciones han expresado su descontento, algunos jefes de Gobierno —como Bart De Wever, primer ministro de Bélgica— han respaldado al dirigente portugués, elogiando su capacidad de negociación y achacando el actual punto muerto a la total intransigencia de unos pocos líderes nacionales.









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