En el corazón de Portugal, un empresario visionario está poniendo en marcha una iniciativa transformadora que podría remodelar el papel del país en el panorama biotecnológico mundial. Nuno Prego Ramos, cuyo nombre ya está grabado en los anales de la biotecnología europea por su trabajo pionero con CellmAbs y la posterior venta por 1.500 millones de euros de sus patentes para el tratamiento del cáncer a BioNTech, tiene ahora la vista puesta en algo aún más ambicioso: la creación en Óbidos de uno de los mayores polos biotecnológicos de Europa.
Con su nueva empresa, Valvian, Ramos no sólo persigue la innovación, sino que está sentando las bases de un ecosistema biotecnológico sostenible e integrado en Portugal. Este proyecto, centrado en la investigación, el desarrollo y la producción, surge en un momento en que la dependencia europea de la fabricación de productos farmacéuticos en el extranjero ha saltado a la palestra. Ramos considera que se trata de un momento estratégico, en el que Portugal, a pesar de su geografía periférica, puede ofrecer relevancia, resistencia y liderazgo.
El complejo de Óbidos se ha diseñado no sólo como una fábrica o un laboratorio, sino como un centro de excelencia en toda regla que servirá tanto a Valvian como a otras empresas biotecnológicas. Promete colmar una laguna crítica en la capacidad industrial de Europa garantizando que la investigación biotecnológica de alto nivel pueda traducirse sin fisuras en producción, en suelo portugués y a escala europea. Este doble enfoque en innovación y fabricación sitúa a Portugal como creador y proveedor de una industria vital para la salud pública y la soberanía económica.
Pero la visión de Ramos no se limita a moléculas y máquinas. También defiende el "Hospital del Futuro", un audaz proyecto que pretende abordar algunas de las ineficiencias estructurales del Servicio Nacional de Salud portugués. Con la inteligencia artificial como eje central, esta iniciativa pretende acabar con los retrasos, reducir los costes y revolucionar el acceso a la atención sanitaria, impulsando un modelo de asistencia sanitaria adecuado para el siglo XXI.
Como persona nacida en Alemania de padres portugueses y que en 2004 decidió regresar y construir su vida en el país de mis raíces, no puedo evitar sentir una profunda y emotiva felicidad al ver que los empresarios portugueses dan por fin cartas fuertes y estratégicas a la industria biotecnológica mundial. No se trata sólo de innovación, sino también de orgullo nacional, de recuperar nuestro talento y darle una razón para quedarse. Durante demasiado tiempo, hemos animado a nuestras mentes más brillantes a seguir las oportunidades en el extranjero. Pero ahora, con iniciativas como ésta, estamos construyendo el tipo de futuro que hace que quedarse en Portugal no sólo sea viable, sino visionario.
Todo esto se sustenta en una confianza renovada en la capacidad de innovación y el clima de inversión de Portugal. Ramos recuerda cómo, hace sólo unos años, muchos dudaban de que CellmAbs pudiera competir con los gigantes mundiales de la oncología. Con determinación, capital local y una firme creencia en el talento científico de Portugal, demostró que estaban equivocados. Ahora, ese mismo espíritu impulsa a Valvian, cuya última ronda de financiación fue respaldada íntegramente por inversores portugueses. Y lo que es más importante, Ramos anima a esos inversores a mirar más allá de su empresa para ayudar a fomentar un ecosistema biotecnológico vibrante e interconectado.
Este nuevo megacentro biotecnológico de Óbidos es más que un proyecto: es una declaración. Indica que Portugal está preparado para latir al ritmo de la excelencia científica, la capacidad industrial y la ambición visionaria. Y para los que creemos en este país, que volvimos con esperanza, es un momento de profundo orgullo. Ya no sólo exportamos talento; estamos creando el futuro, aquí, en casa.