No es sólo un informe sobre startups o innovación financiera. Es un retrato vibrante de un Portugal que ha decidido crecer, abrir horizontes y reinventarse. Portugal se está convirtiendo silenciosamente en uno de los ecosistemas fintech más prometedores de Europa.

Al sumergirse en el informe, surge un sentimiento casi emocional. Nos damos cuenta de lo lejos que hemos llegado en pocos años y también de que este camino de evolución no ha hecho más que empezar. Durante mucho tiempo, nos acostumbramos a ver a Portugal reconocido por su hospitalidad, calidad de vida y clima. Hoy empezamos a ser conocidos por el talento, la tecnología y la visión estratégica. Casi un tercio de las fintech destacadas nacieron sólo en los dos últimos años. Son empresas jóvenes y ambiciosas creadas por equipos que no sólo quieren seguir el ritmo del cambio global; quieren formar parte de él.

Lo más impresionante en este momento en el país no son sólo las cifras o los gráficos. Es la actitud. Es la mentalidad. Es la confianza. Hay una nueva generación que piensa en Portugal como una plataforma global y no como un mercado periférico. Una generación que cree que Lisboa, Oporto, Braga, Faro o Leiria pueden ser casas de innovación con impacto internacional. Y esa creencia está tomando forma real.

La Inteligencia Artificial, tantas veces vista con temor, aparece en el ecosistema portugués como un catalizador de creatividad y eficiencia. Nuestras fintechs demuestran que es posible incorporar tecnología punta sin perder lo que nos define como país. Ética, proximidad, responsabilidad y un profundo respeto por el usuario siguen siendo elementos centrales en el desarrollo de productos financieros innovadores.

Otro signo de madurez es la colaboración que por fin se está produciendo de forma natural. Startups y grandes empresas están trabajando juntas como nunca antes. Bancos, aseguradoras, universidades e inversores se sientan ahora a la misma mesa para construir soluciones. Un país que durante décadas ha funcionado en silos está empezando a funcionar en red, y esto se nota en la velocidad con la que surgen nuevas asociaciones, nuevas ideas y nuevos resultados.

Este movimiento sólo es posible porque Portugal tiene algo que ninguna tecnología sustituye: talento. Un talento que nace en las universidades, que se perfecciona en las empresas y que se renueva a través de la formación continua. Un talento que atrae a personas del extranjero y da confianza a las empresas internacionales que eligen Portugal para crecer.

Pero quizás lo más emocionante de todo es lo que está por venir. El avance de las Finanzas Abiertas, la consolidación normativa, el aumento de las inversiones y la llegada de nuevas empresas internacionales apuntan a una década en la que Portugal podría dar un salto histórico. La energía es real, la ambición crece y la convicción compartida por muchos es clara: por fin estamos ocupando nuestro lugar.

Portugal se está transformando ante nuestros ojos. Y lo más inspirador es darse cuenta de que no sólo estamos siguiendo el futuro. Estamos ayudando a que ocurra.

Es el momento de creer. Es el momento de crear. Este es el momento de Portugal.