No se trata sólo de un acuerdo técnico, ni de un detalle burocrático para especialistas. Es una señal clara de que Portugal está llamado a desempeñar un papel estratégico en uno de los sectores más avanzados y competitivos del planeta.
El acuerdo se formalizó esta semana en Alemania y marca oficialmente a Santa María como lugar de aterrizaje del vuelo inaugural de Space Rider, previsto ahora para 2028. Esta elección refuerza algo que vengo defendiendo desde hace mucho tiempo: Portugal entra por fin en la liga de los países que no miran el futuro, sino que participan en él. Y las Azores, por su geografía, estabilidad y localización única en el Atlántico, se convierten en uno de los activos más importantes de esta visión.
Space Rider es una nave espacial no tripulada reutilizable diseñada para misiones de corta duración en órbita baja. Permite realizar experimentos científicos en microgravedad, probar nuevas tecnologías e incluso colocar pequeños satélites. Lo más extraordinario, sin embargo, es que regresa a la Tierra aterrizando como una aeronave. El aterrizaje en Santa María será simbólico, pero también profundamente práctico. Pone a la isla en el mapa internacional como infraestructura central de Europa para las misiones espaciales de nueva generación.
Este paso no se da de forma aislada. Forma parte de una visión más amplia que incluye el futuro puerto espacial de las Azores, el primero autorizado en Portugal, que se espera que empiece a realizar lanzamientos orbitales en 2027. Vemos aquí un país que hace algunas décadas tenía poca participación en la economía espacial, invirtiendo hoy 204,8 millones de euros en la ESA para el período 2026-2030 y posicionándose como un socio activo en un sector que mueve miles de millones y crece todos los años.
Es importante destacar que esta elección no fue un regalo. Fue conquistada. Es el resultado de años de trabajo de la Agencia Espacial Portuguesa, de la diplomacia científica y de la capacidad de Portugal para afirmarse como un país fiable, estable y capaz de acoger infraestructuras de alta tecnología. Las Azores, por su posición geoestratégica entre continentes, se convierten ahora en un punto de contacto vital para Europa en misiones espaciales reutilizables.
Lo que me entusiasma personalmente es darme cuenta del impacto que esto puede tener en las nuevas generaciones. La presencia de un puerto espacial, la operación de un transbordador europeo y la participación de universidades portuguesas en experimentos a bordo envían un mensaje claro: Portugal es un país donde se puede hacer ciencia de frontera, ingeniería avanzada y tecnología aeroespacial. Es un país donde los jóvenes ingenieros, investigadores y empresarios pueden aspirar a trabajar en el sector espacial sin tener que emigrar.
El aterrizaje de un transbordador espacial en un pequeño aeropuerto del Atlántico no es sólo una curiosidad tecnológica. Es una declaración. Es Portugal diciendo que está preparada para el futuro y que quiere formar parte de él de forma activa, ambiciosa y estratégica.
Y, esta vez, con los pies firmemente plantados en Santa María y la mirada fija en el espacio.





