Fabricado a partir de residuos de molinos de arroz, el combustible sustituye al carbón vegetal que tradicionalmente se obtenía de los manglares. Su rápida adopción por las empresas locales demuestra su potencial para reducir la deforestación y, al mismo tiempo, disminuir el coste del combustible y fomentar un uso más sostenible de la energía.

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La iniciativa aborda una de las principales causas de la pérdida de manglares, ya que muchas comunidades rurales dependen de la leña y el carbón vegetal debido al limitado acceso a la electricidad. Al convertir los residuos agrícolas en combustible, el modelo vincula la conservación con la viabilidad económica. Si se amplía, podría ofrecer una solución reproducible en todo el Sudeste Asiático, donde la pobreza energética y la degradación medioambiental siguen estando estrechamente relacionadas.