Mucho después de que los barcos dejen de navegar y las rutas comerciales desaparezcan, el idioma perdura. El portugués es un buen ejemplo de ello. A lo largo de los siglos, ha dejado su huella en palabras que se utilizan en todo el mundo, a menudo en lugares donde nunca te lo esperarías.
La palabra «coconut» no suena especialmente misteriosa hasta que descubres de dónde viene. Los marineros portugueses la llamaban «coco», una palabra que designaba un cráneo o una cara sonriente y un poco espeluznante del antiguo folclore. Una vez que te fijas en los tres agujeros oscuros de la cáscara, es difícil dejar de verlos. El nombre se quedó y hoy recorre el mundo junto con la fruta.
Así es el lenguaje: recuerda quién llegó primero.
Tomemos como ejemplo las naranjas. En varios idiomas, la palabra que designa esta fruta sigue remitiéndose a Portugal: «portokáli» en griego, «portakal» en turco, «burtuqāl» en árabe. Cuando las naranjas dulces comenzaron a difundirse ampliamente, se asociaban estrechamente con los comerciantes portugueses, y el nombre les siguió. Para mucha gente, la naranja era, sencillamente, «la fruta de Portugal».
Estos vestigios del portugués se pueden encontrar en algunos lugares inesperados. Tomemos como ejemplo la «mermelada». Mucha gente la asocia con Gran Bretaña, pero la palabra proviene del portugués «marmelada», una conserva elaborada originalmente con membrillo. El nombre perduró, aunque la receta evolucionara con el tiempo.
La «melaza» tiene una historia similar. Proviene de «melaço», y llegó a través de las mismas rutas comerciales que transportaban azúcar, especias y personas a través del Atlántico.
Aún más lejos, en Japón, está el «tempura». Introducido en el siglo XVI por misioneros portugueses, el plato —o al menos su técnica— se arraigó tan bien que ahora parece totalmente local. El nombre probablemente proviene de «tempero» o «tempora», relacionado con la cocina y los días de ayuno.
Algunas palabras han recorrido un camino más inesperado. Tomemos como ejemplo «fetiche». Proviene de la palabra portuguesa «feitiço», que los comerciantes utilizaban para describir objetos sagrados o simbólicos con los que se encontraban en África Occidental. A lo largo de los siglos, la palabra evolucionó y adquirió significados muy diferentes, pero sus raíces portuguesas permanecen.
Nada de esto resulta obvio cuando se escuchan estas palabras hoy en día. Eso es lo que las hace interesantes. La Era de los Descubrimientos no solo redibujó mapas ni abrió rutas marítimas; también introdujo silenciosamente el portugués en el lenguaje cotidiano de todo el mundo.
Y, de vez en cuando, sale a la luz: en un coco, en un tarro de mermelada o incluso en la palabra que significa «naranja» en otros idiomas, donde el nombre de la fruta sigue remitiéndonos a Portugal.







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