El espacio protegido prohibiría la pesca industrial, al tiempo que preservaría las prácticas tradicionales de pesca artesanal. Sus defensores afirman que la reserva contribuirá a salvaguardar uno de los ecosistemas marinos con mayor biodiversidad del mundo y a reforzar la gestión responsable de las aguas circundantes.

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La propuesta es fruto de años de consultas entre el Gobierno chileno y la comunidad rapa nui, que ha buscado un mayor control sobre la protección de sus aguas ancestrales. Si se aprueba, la reserva se convertiría en una de las áreas marinas protegidas gestionadas por comunidades indígenas más grandes del mundo, conservando los hábitats de cientos de especies marinas y apoyando al mismo tiempo los medios de vida tradicionales y la conservación a largo plazo de los océanos.