Se trata de infraestructuras importantes para la transformación del sistema energético nacional, pero hay una oportunidad que sigue mereciendo mayor atención: el aprovechamiento de los tejados de los edificios que ya hemos construido. En un país con condiciones solares favorables y una extensa red de instalaciones industriales, comerciales, agrícolas y logísticas, la próxima etapa del crecimiento de la energía solar también podría implicar un mejor aprovechamiento de los espacios existentes, acercando la producción a los lugares donde se consume la electricidad.
En las últimas décadas, Portugal ha desarrollado numerosas zonas industriales, parques empresariales, centros logísticos y grandes áreas comerciales. Muchos de estos edificios cuentan con tejados de gran superficie que, siempre que las condiciones técnicas lo permitan, podrían albergar sistemas fotovoltaicos. La ventaja de esta solución no radica únicamente en la producción de electricidad renovable. Reside también en la posibilidad de reducir la necesidad de ocupar nuevos terrenos, aprovechando la infraestructura existente, y permitiendo a las empresas producir parte de la energía necesaria para su actividad. Para una unidad industrial con un consumo significativo durante el día, el autoconsumo puede representar una oportunidad para reducir la exposición a los precios de mercado y mejorar la previsibilidad de una parte de sus costes operativos.
Por supuesto, no todas las cubiertas son adecuadas, y no todos los proyectos tienen la misma rentabilidad. La capacidad estructural de los edificios, la orientación solar, el estado de las instalaciones eléctricas, los perfiles de consumo y los costes de inversión son factores determinantes. Pero precisamente por eso considero importante dejar de ver el autoconsumo únicamente como una decisión individual de cada empresa y empezar a integrarlo en la planificación de los polígonos industriales. Un polígono industrial moderno debe concebirse no solo en términos de acceso por carretera, telecomunicaciones o disponibilidad de suelo, sino también en términos de su capacidad para producir, gestionar y utilizar la energía de forma eficiente.
También existe una oportunidad interesante en los modelos de autoconsumo colectivo y las comunidades energéticas. En determinadas condiciones, las empresas ubicadas en la misma zona empresarial pueden beneficiarse de soluciones compartidas de producción y gestión de energía. Una unidad con una amplia cobertura disponible puede tener un perfil de producción diferente de las necesidades de consumo de una empresa vecina. La posibilidad de organizar estas complementariedades, respetando las normas técnicas y reglamentarias aplicables, puede contribuir a mejorar el aprovechamiento de la electricidad producida. La integración de sistemas de monitorización, la gestión inteligente del consumo y, cuando resulte económicamente justificable, el almacenamiento, pueden reforzar estas ventajas.
Esta transformación también plantea cuestiones de política económica y territorial. Los ayuntamientos y las entidades responsables de la gestión de los parques empresariales deberían empezar a evaluar el potencial energético de las zonas existentes e incorporar esta dimensión en los nuevos proyectos de desarrollo económico. La modernización de las zonas industriales puede incluir no solo un mejor acceso e infraestructura digital, sino también soluciones de eficiencia energética, producción descentralizada y gestión coordinada del consumo. Al mismo tiempo, es necesario simplificar los trámites, mejorar la información disponible y crear las condiciones para que las pequeñas y medianas empresas puedan evaluar inversiones que, de forma individual, pueden suponer un esfuerzo financiero significativo.
Portugal debe seguir invirtiendo en la producción de energías renovables, en las redes eléctricas y en la capacidad de almacenamiento. Pero no debemos olvidar que parte de la transición energética puede llevarse a cabo en infraestructuras que ya existen y que aún no hemos aprovechado plenamente. El uso inteligente de los tejados industriales y comerciales no resolverá por sí solo todos los retos del sistema eléctrico, pero puede contribuir a reducir los costes empresariales, a valorizar el patrimonio construido y a aliviar la presión sobre determinados terrenos. Es posible que la próxima revolución energética portuguesa no dependa únicamente de nuevos grandes proyectos. También podría comenzar en los tejados de las empresas que hacen funcionar nuestra economía día a día.








Follow us on social media