Es una masa de pan dulce con frutas confitadas, que representan el oro, la mirra y el incienso.

Tradicionalmente, contenía una haba seca y un pequeño adorno o regalo escondido en su interior. Al igual que los Reyes Magos llevaron regalos al Niño Jesús, su pastel también contenía un pequeño obsequio, de ahí su simbolismo. El tradicional Bolo Rei ha cambiado mucho en los últimos 30 años. Las generaciones más mayores aún recuerdan que cuando se cortaba el pastel, se creía que la persona que encontraba el pequeño regalo tendría buena suerte para el año siguiente, mientras que la persona que encontraba el haba debía comprar un nuevo pastel al año siguiente. Para evitar el riesgo de un diente roto, esta tradición cambió, pero el Bolo Rei sigue siendo un pastel festivo muy popular.

Este año, en Loulé, el Día de Reyes se celebró con un Bolo Rei de 150 metros de largo, compartido con el público. Elaborado con cientos de kilos de harina, azúcar, huevos y fruta, marcó el final de las fiestas navideñas.