Quizás por eso eventos como el Oeiras Blue Tech Ocean Forum suelen pasar desapercibidos para el público en general. Sin embargo, lo que allí se debatió podría tener más repercusión en el futuro económico de Portugal que muchos de los debates que ocupan a diario los espacios de comentarios.

Al seguir las conclusiones y presentaciones de este foro, tuve la sensación de que algo importante está sucediendo en la economía marítima portuguesa. No estamos hablando solo de pesca, puertos o turismo marítimo. Estamos hablando de tecnología, innovación, datos, biotecnología, robótica submarina, vigilancia oceánica y nuevos modelos de negocio capaces de generar valor añadido a partir del conocimiento producido en Portugal.

Uno de los mensajes más positivos fue precisamente el creciente compromiso con la transformación de la investigación en actividad económica. Durante muchos años, fuimos un país capaz de producir ciencia, pero no siempre de convertirla en empresas, empleo cualificado o exportaciones. Lo que ahora está empezando a surgir a través de la red de Blue Hubs repartidos por todo el país es una lógica diferente. Las universidades, los centros de investigación, las empresas, los laboratorios colaborativos y las entidades públicas empiezan a trabajar de forma más integrada para desarrollar y probar la tecnología en condiciones reales en el océano.

También resulta alentador ver que el Banco Português de Fomento asume la economía azul como una prioridad estratégica, proporcionando instrumentos de financiación para proyectos con potencial económico e impacto sostenible. El mensaje es claro: hay recursos financieros para apoyar las buenas ideas, siempre que puedan demostrar viabilidad y capacidad de crecimiento.

Otro aspecto especialmente relevante es la creciente internacionalización de este ecosistema. La presencia de delegaciones extranjeras, nuevos fondos de inversión y alianzas internacionales demuestra que Portugal está empezando a ser considerado un lugar creíble para desarrollar soluciones relacionadas con el océano. En un momento en el que la economía mundial busca nuevas fuentes de crecimiento sostenible, el Atlántico vuelve a cobrar relevancia estratégica y Portugal se encuentra en una posición privilegiada para beneficiarse de esta tendencia.

En mi opinión, este es precisamente el camino que debe seguir el país. En lugar de competir únicamente a través de los costes o de los sectores tradicionales, debemos centrarnos en ámbitos en los que contamos con ventajas naturales difíciles de replicar. El mar es uno de ellos. Contamos con la ubicación, los conocimientos científicos, las infraestructuras, el talento y una dimensión atlántica que pocos países europeos pueden igualar.

Lo más importante es darse cuenta de que la economía azul ya no es solo una visión de futuro. Está empezando a tomar forma a través de proyectos concretos, inversiones, tecnología y colaboración entre diferentes entidades. Y si logramos mantener esta trayectoria, el mar podría volver a ser uno de los mayores motores de desarrollo del país.

No por nostalgia del pasado, sino porque puede contribuir a construir una economía más innovadora, más tecnológica y más competitiva para el futuro.