La magnitud del cambio es considerable. Una vez que finalice el NHR, los tipos del impuesto sobre la renta de las personas físicas pueden aumentar drásticamente, llegando hasta el 48 %, o incluso hasta el 52 % si se incluyen las cotizaciones sociales. Para cualquiera que haya pasado ocho, nueve o diez años beneficiándose de un entorno fiscal favorable, este aumento puede suponer una sorpresa considerable, sobre todo si se ha permitido que las ganancias se acumulen sin contar con un plan de transición.
El consejo constante de quienes han pasado por este proceso, o de quienes asesoran a otros en él, es empezar con antelación. Esperar hasta 18 meses o incluso dos años antes de que finalice el NHR se considera, por lo general, demasiado tarde, ya que gran parte de los beneficios financieros acumulados durante los años anteriores podría acabar tributando al tipo más elevado. En cambio, se recomienda comenzar la planificación transfronteriza entre el tercer y el quinto año, y a más tardar en el séptimo.
Una vía que se suele destacar es el uso de estructuras de inversión conformes con la normativa portuguesa, diseñadas para mejorar la eficiencia fiscal con el paso del tiempo, especialmente a partir del octavo año. Con una planificación adecuada, algunas personas han logrado mantener su tipo impositivo efectivo en tan solo el 11,2 %, o en algunos casos incluso menos.
El mensaje es claro: quienes planifican con antelación conservan un control mucho mayor sobre su situación financiera, mientras que quienes se demoran corren el riesgo de perder gran parte de lo que han construido con su esfuerzo.




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