Hoy en día está empezando a perfilarse una realidad muy diferente. Si se cumplen las previsiones presentadas por el embajador de Estados Unidos en Portugal, John Arrigo, el país podría recibir más de 40 000 millones de dólares en inversiones tecnológicas estadounidenses de aquí a 2031, convirtiéndose en uno de los principales centros europeos de infraestructuras para la inteligencia artificial.
El anuncio se realizó durante la ceremonia que marcó la conexión del nuevo cable submarino Cloud de Google entre Estados Unidos y Portugal. Pero lo más importante no es solo el cable, sino comprender el ecosistema que está empezando a formarse a su alrededor. Portugal cuenta actualmente con más de 2,6 GW de capacidad de centros de datos en desarrollo, ocupando Sines un lugar central gracias a proyectos como Start Campus. A ello se suman nuevas inversiones en energía, redes digitales, inteligencia artificial e infraestructuras críticas. Estados Unidos ya es uno de los mayores inversores extranjeros en nuestro país, con casi 20 000 millones de dólares invertidos en diferentes sectores.
Es difícil pasar por alto la magnitud de la oportunidad. Portugal reúne una combinación especialmente interesante: su ubicación atlántica, la conexión directa con Estados Unidos, una elevada producción de energía renovable, estabilidad, seguridad, talento cualificado y plena integración en el mercado europeo. Lo que durante décadas hemos considerado una ubicación periférica puede convertirse en una ventaja estratégica. En la economía digital, situarse en el extremo occidental de Europa también significa estar a la vanguardia de la conexión transatlántica.
Pero los 40 000 millones de dólares anunciados o previstos aún no son 40 000 millones de dólares invertidos. Y aquí es donde debemos mantener cierto sentido crítico. Portugal sigue siendo demasiado lento en la concesión de licencias, las decisiones administrativas, el refuerzo de las redes eléctricas y la preparación de los territorios para recibir inversiones de esta envergadura. Los centros de datos no solo necesitan terreno y electricidad. Necesitan viviendas para los trabajadores, transporte, colegios, servicios, formación profesional y ciudades capaces de seguir el ritmo del crecimiento económico que generan.
También debemos asegurarnos de que Portugal no se convierta simplemente en una enorme plataforma donde las empresas internacionales instalen servidores. El verdadero valor residirá en la creación de conocimiento, de empresas portuguesas, de investigación, de ingeniería y de puestos de trabajo altamente cualificados en torno a estas infraestructuras. De lo contrario, tendremos inversión sin poder captar una parte suficiente de la riqueza generada.
Hace unos años habría sido difícil imaginar a Portugal como un posible centro europeo de infraestructuras de inteligencia artificial. Hoy en día, esta posibilidad es real.
Contamos con la ubicación, la energía, la conectividad y el talento. También contamos con inversores interesados.
Lo que queda por demostrar es, quizás, nuestro mayor reto: si somos capaces de convertir una oportunidad extraordinaria en resultados, crecimiento y prosperidad para el país.









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