La transición de la tierra batida al césped supone el cambio de rumbo más brusco y drástico del deporte moderno. En cuestión de días, los tenistas profesionales deben reprogramar por completo su memoria muscular. Cambian la tierra batida de Roland Garros, lenta y de rebote alto, por los céspedes ultrarrápidos y de deslizamiento bajo. A medida que comienza la cuenta atrás para Wimbledon el 29 de junio, este cambio de superficie crea una división estructural dramática en el circuito, lo que sitúa en el punto de mira a especialistas únicos en pista de hierba, al tiempo que deja de lado a los jugadores de fondo de pista que se desenvuelven mejor en pistas más lentas.

La física del césped

Jugar sobre hierba exige un enfoque totalmente diferente. En tierra batida, los jugadores pueden deslizarse para golpear y confiar en un fuerte efecto liftado para desgastar a sus oponentes. En hierba, el juego de pies debe ser preciso, cortante y equilibrado, ya que dar un paso en falso puede suponer un resbalón peligroso.

Este cambio de superficie devuelve con fuerza a la contienda a los jugadores naturalmente agresivos. Los grandes sacadores, los golpeadores de bola plana y los que suben a la red de forma instintiva ven cómo su juego se ve potenciado por el rebote bajo. Por el contrario, los especialistas extremos en tierra batida que prefieren posiciones de devolución profundas y intercambios defensivos con trazos largos se ven completamente expuestos. En hierba, el tiempo es un lujo que nadie puede permitirse, y quienes no logran acortar la velocidad de su swing o se niegan a avanzar quedan rápidamente rezagados.

En busca de la forma ideal en Queen’s y Halle

Autor: Wimbledon;

La verdadera jerarquía de Wimbledon se está forjando ahora mismo en los tradicionales torneos de preparación. En el Halle Open de Alemania, todas las miradas están puestas en el recién coronado campeón de Roland Garros, Alexander Zverev. Al dar el salto a la hierba como cabeza de serie número uno del torneo, el alemán aspira a trasladar su enorme impulso a una superficie que premia su potente primer servicio. A él se suman en un cuadro repleto de estrellas peligrosos rivales en hierba como Ben Shelton, Taylor Fritz y Daniil Medvedev, jugadores cuyas trayectorias planas los convierten en rivales de pesadilla sobre el césped.

Mientras tanto, al otro lado del Canal de la Mancha, en el histórico Queen’s Club de Londres, la jerarquía especializada en hierba se muestra en todo su esplendor. El cabeza de serie número uno, Alex de Minaur, está aprovechando su velocidad de talla mundial y su bajo centro de gravedad para abrirse paso en el cuadro, junto al estadounidense Tommy Paul. En la categoría femenina, la ex campeona de Wimbledon Elena Rybakina encabeza los preparativos, ansiosa por desplegar su letal servicio en una superficie que se adapta a la perfección a su potencia de golpes planos.

La cuenta atrás para SW19

Cuando se abran las puertas del All England Club, los logros pasados en tierra batida no significarán gran cosa. Wimbledon sigue siendo la prueba definitiva de la versatilidad atlética. La capacidad de un jugador para adaptar con éxito su movimiento y aceptar la naturaleza caótica de la hierba determinará, en última instancia, quién levantará los trofeos en julio. La breve temporada sobre hierba no deja margen para el error, y el relevo generacional ya está en marcha.