Los documentos, publicados en la página web de la DGS, están dirigidos a los prestadores de servicios sociales, la Red Nacional de Atención Continuada Integrada (RNCCI), los equipos de intervención en la calle, los profesionales sanitarios, los interlocutores sociales que trabajan con la población sin hogar y el sector de la nutrición; en ellos se recogen medidas de prevención adaptadas a diversos contextos.
En la guía dirigida a los prestadores de servicios sociales y a la RNCCI, la DGS señala que las personas mayores, las personas con discapacidad y aquellas con enfermedades crónicas se encuentran entre los grupos más vulnerables a los efectos del calor extremo.
Entre las recomendaciones clave se incluyen aumentar la hidratación —beber al menos 1,5 litros de agua al día, incluso sin tener sed—, permanecer en lugares frescos o con aire acondicionado, limitar la exposición al calor entre las 11:00 y las 17:00 horas, y estar atentos a síntomas como mareos, debilidad, dolores de cabeza, desorientación o calambres.
Población sin hogar
Otra guía se centra en la protección de la población sin hogar. La DGS advierte de que este es uno de los grupos más vulnerables a las olas de calor, ya que la exposición directa a las altas temperaturas suele verse agravada por enfermedades crónicas, fragilidad física, inseguridad alimentaria, exclusión social, bajos conocimientos sobre salud, problemas de salud mental y barreras para acceder a la asistencia sanitaria.
Para mitigar los riesgos, la DGS recomienda aumentar las rondas de asistencia social en los días más calurosos; distribuir agua, sales de rehidratación oral, ropa ligera y gorras; identificar zonas de sombra y refresco; y garantizar la derivación rápida a los servicios sanitarios si aparecen signos de agotamiento por calor o sospecha de golpe de calor.
El documento también aboga por una respuesta coordinada en la que participen equipos de asistencia social, profesionales sanitarios, autoridades locales, organismos de protección civil, servicios de la seguridad social y organizaciones comunitarias.
Recomendaciones dietéticas
La tercera guía recoge recomendaciones alimentarias para los periodos de altas temperaturas, como beber agua a lo largo del día —incluso sin tener sed—, consumir alimentos ricos en agua como frutas y verduras, y tomar comidas ligeras, incluidas sopas frías.
Por el contrario, desaconseja el consumo de bebidas alcohólicas, azucaradas o energéticas, ya que pueden contribuir a la deshidratación.
El documento también advierte de la necesidad de prestar especial atención al almacenamiento de los alimentos, señalando que las altas temperaturas favorecen el crecimiento de microorganismos y aumentan el riesgo de intoxicación alimentaria.
Entre las recomendaciones figuran transportar los alimentos refrigerados en bolsas térmicas, mantener los productos perecederos a una temperatura inferior a 5 °C, consumir las sobras en un plazo de dos a tres días y evitar dejar alimentos o agua dentro de vehículos expuestos al sol.
En una entrevista concedida al periódico Público y a Rádio Renascença, la directora general de Salud, Rita Sá Machado, afirmó que las dos últimas olas de calor provocaron 123 muertes en exceso —una cifra inferior a las previsiones del Instituto Nacional de Salud Doutor Ricardo Jorge (INSA)—, aunque señaló que es necesario esperar para determinar el impacto de la ola de calor más reciente.
Explicó que se han producido dos olas de calor desde el 10 de junio; las previsiones del INSA habían pronosticado aproximadamente 60 muertes en exceso para la primera —cifra que se confirmó—, con un pico el 16 de junio.
En cuanto a la segunda ola de calor, señaló que los datos preliminares indican 63 muertes adicionales a fecha de 6 de julio. «Sin embargo, es importante aclarar que el impacto de las olas de calor no es a corto plazo; por lo tanto, aún debemos esperar unos 15 días para obtener datos de seguimiento y, en cierto modo, comprender mejor este fenómeno», subrayó.








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