La decisión del Gobierno de avanzar en una nueva Estrategia Nacional de Recursos Geológicos hasta 2035 llega en un momento especialmente relevante, no sólo por el contexto internacional, sino también por la historia nacional de oportunidades aplazadas.
Portugal no parte de cero. Tiene tradición en la actividad minera y cuenta con importantes recursos. El problema nunca ha sido la ausencia de potencial, sino la falta de una visión clara y coherente que permita transformar este potencial en valor económico real. La estrategia anterior quedó sin ejecutar, y esto dice mucho de la dificultad que ha tenido el país para alinear intereses, políticas y decisiones en este sector.
Hoy, el contexto es diferente. La presión mundial sobre las materias primas es cada vez mayor, impulsada por la transición energética, la digitalización y la reindustrialización de Europa. Los recursos considerados críticos han pasado a ser fundamentales para la competitividad económica y la autonomía estratégica de los países. Y eso coloca a Portugal en una posición que no puede ignorar.
La nueva estrategia surge precisamente en este contexto. No se trata sólo de explotar los recursos, sino de integrar a Portugal en una cadena de valor más amplia, en la que la eficiencia, la sostenibilidad y la resiliencia son factores clave. Valorizar los recursos internos ya no es una opción y se ha convertido en una necesidad estratégica.
Pero hay un punto que no puede ignorarse. El desarrollo de este sector conlleva inevitablemente retos sociales y medioambientales. La explotación de los recursos minerales genera tensiones, especialmente en lo que se refiere al uso del suelo, la preservación del medio ambiente y la calidad de vida de las poblaciones. Y sin aceptación social, cualquier estrategia estará condenada al fracaso desde el principio.
Aquí es donde Portugal tendrá que hacerlo mejor que en el pasado. No basta con definir una estrategia sobre el papel. Será esencial garantizar la transparencia, el diálogo con las comunidades y un equilibrio real entre el desarrollo económico y la sostenibilidad. La economía circular, la eficiencia de los recursos y la innovación tecnológica tendrán que ser parte de la solución, no solo conceptos teóricos.
Otro aspecto relevante es la necesidad de coordinación institucional. La creación de una nueva agencia dedicada a la geología y la energía puede ser un paso importante, siempre y cuando pueda aportar coherencia y eficacia al proceso. La implicación de entidades públicas, asociaciones sectoriales y agentes locales será decisiva para que la estrategia no quede sin ejecutar.
En el fondo, el reto es sencillo de definir pero exigente de alcanzar. Portugal tiene recursos, tiene conocimiento y hoy cuenta con un contexto internacional que valora exactamente lo que tiene. Lo que falta es transformar esta combinación en una visión concreta y ejecutable.
Porque más que tener recursos, lo que realmente importa es saber utilizarlos.







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