Lo más interesante es que por fin hemos empezado a pasar de los anuncios a los equipos instalados, los contratos firmados y la producción industrial. El ejemplo más reciente es el proyecto Green Hydrogen Sines, liderado por la empresa portuguesa Beyond Green, que ha adjudicado a RCT GH Hydrogen el suministro de un electrolizador de 10 MW, destinado a producir alrededor de mil toneladas de hidrógeno verde al año a partir de 2027.
Aisladamente, 10 MW pueden parecer una cifra pequeña en comparación con la envergadura de los proyectos energéticos que se anuncian hoy en día en Europa. Pero la importancia de esta operación radica en el contexto. Se trata del primer pedido comercial confirmado de RCT GH Hydrogen, una asociación entre el grupo alemán RCT y la empresa china Guofu Hydrogen. La tecnología será de origen chino, pero los equipos se fabricarán en Alemania. Sines se convierte así también en un punto de encuentro entre la tecnología asiática, la capacidad industrial europea y la inversión portuguesa. En un momento en el que Europa busca simultáneamente descarbonizar la economía y recuperar cierta autonomía industrial, esta combinación merece atención.
Aún más importante es darse cuenta de que este proyecto no es un caso aislado. Galp, por su parte, ha completado la instalación de 100 MW de electrolizadores en la refinería de Sines, una inversión de otra envergadura que debería permitir la producción de hasta 15 000 toneladas de hidrógeno verde al año y sustituir parte del hidrógeno que actualmente se produce a partir de combustibles fósiles. La reducción prevista de las emisiones ronda las 110 000 toneladas al año. Por primera vez, pues, empezamos a observar en Portugal lo que llevamos años debatiendo en conferencias: el uso industrial concreto del hidrógeno verde para descarbonizar actividades difíciles de electrificar.
Aquí es donde Sines cobra especial interés. En el mismo territorio comienzan a converger puertos de aguas profundas, industria, producción de energías renovables, hidrógeno, centros de datos, cables submarinos e inversión internacional. Cada una de estas actividades se beneficia de las demás. Los centros de datos necesitan enormes cantidades de electricidad a precios competitivos; la industria necesita energía y moléculas verdes; el hidrógeno necesita una abundante producción renovable; y todos necesitan infraestructura logística y acceso a los mercados internacionales. Estamos asistiendo a la formación de un auténtico ecosistema económico y energético.
Pero debemos evitar el entusiasmo precipitado. La producción de hidrógeno verde sigue siendo cara, requiere grandes cantidades de electricidad renovable y agua, exige clientes industriales dispuestos a firmar contratos a largo plazo y depende de una infraestructura que aún no se ha desarrollado de forma significativa. No todos los proyectos anunciados en Europa llegarán a la fase de construcción.
Precisamente por eso, los contratos firmados y los equipos instalados son más importantes que los nuevos anuncios.
Portugal tiene una oportunidad extraordinaria para aprovechar la transición energética no solo para producir electricidad limpia, sino también para atraer industria, tecnología, inversión y conocimiento. Sines empieza a demostrar cómo esto puede suceder.








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