Esa fue precisamente la sensación que tuve al leer sobre el trabajo desarrollado por GTechPlasma, una empresa derivada del Instituto de Plasmas y Fusión Nuclear del Instituto Superior Técnico, que está desarrollando un material a base de grafeno capaz de reducir drásticamente la huella radar de los drones y los aviones militares.
Según Bruno Soares Gonçalves, cofundador de la empresa, las estimaciones apuntan a que este material podría reducir la firma radar de un F-16 a niveles comparables a los de un pájaro. Si esta capacidad se confirma a escala industrial y operativa, no nos encontramos ante una simple innovación de laboratorio. Nos encontramos ante una tecnología con un enorme potencial estratégico para Portugal y Europa.
Lo que más me impresiona es que esta historia reúne prácticamente todo lo que tan a menudo decimos que queremos para nuestro país: investigación científica de excelencia, propiedad intelectual protegida a nivel internacional, tecnología de vanguardia, conexión entre universidades y empresas, producción industrial en Portugal y aplicaciones en sectores estratégicos con alto valor añadido.
La tecnología permite producir materiales de grafeno a medida mediante plasma, controlando sus propiedades a nivel atómico. Además de la absorción de la radiación de radar y electromagnética, existen aplicaciones potenciales en el almacenamiento de hidrógeno, la separación de tierras raras e incluso el uranio. La máquina desarrollada está patentada en Estados Unidos, Japón y Europa, mientras que se espera que la industrialización avance a través de Plasmaphene, en Vila Viçosa.
Y aquí surge de nuevo una pregunta que he planteado en muchos de mis artículos: ¿cuántas empresas y tecnologías extraordinarias están surgiendo hoy en día en Portugal sin que el propio país se dé cuenta realmente de su valor?
Escribimos a diario sobre turismo, precios de la vivienda, fútbol y polémicas políticas. Todo ello forma parte de la realidad nacional. Pero mientras debatimos sobre lo inmediato, hay empresas portuguesas que desarrollan drones, satélites, inteligencia artificial, tecnología espacial, materiales avanzados, energía y soluciones que podrían resultar fundamentales para la autonomía estratégica europea.
He escrito sobre TEKEVER, sobre ICEYE Portugal y sobre el crecimiento de la economía espacial portuguesa. Ahora encontramos otra pieza de este nuevo Portugal tecnológico en GTechPlasma. No se trata de casos aislados. Empiezan a formar una tendencia.
Puede que nuestro mayor reto ya no sea demostrar que tenemos talento. El talento existe. La investigación existe. Las empresas están empezando a surgir. El verdadero reto es generar capital, alcanzar escala industrial, desarrollar capacidad de comercialización y trazar una estrategia nacional que evite que estas tecnologías desaparezcan, se vendan demasiado pronto o crezcan en otros países debido a la falta de condiciones en Portugal.
No debemos exagerar las expectativas sobre una tecnología antes de que haya demostrado plenamente su capacidad industrial y operativa. Pero no podemos seguir descubriendo a través de la prensa internacional lo más extraordinario que ocurre dentro de nuestras propias fronteras.
Quizá Portugal esté mucho más cerca de la vanguardia tecnológica mundial de lo que nosotros mismos imaginamos.
El problema es que, con demasiada frecuencia, el mundo parece descubrirlo antes que nosotros.









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