A medida que estas infraestructuras se multiplican y aumenta el consumo eléctrico, también crece el temor a que, al final, la factura recaiga sobre los consumidores. Pero esta conclusión no es inevitable.

En el evento «. AI», celebrado en el Centro Cultural de Belém, Ana Quelhas, directora global de hidrógeno y centros de datos de EDP, defendió precisamente que el aumento del consumo por parte de los grandes operadores tecnológicos no tiene por qué traducirse en una energía más cara para las familias. Los denominados «hiperescaladores» siempre tendrán unas necesidades energéticas muy elevadas, pero también pueden actuar como aceleradores de la inversión en energías renovables, redes eléctricas, baterías y soluciones de flexibilidad.

Esta es la distinción fundamental. El problema no radica únicamente en la cantidad de energía consumida, sino en la forma en que esta demanda se planifica, se contrata y se integra en el sistema. Cuando un gran centro de datos firma contratos a largo plazo para adquirir electricidad renovable, puede contribuir a financiar nueva capacidad de generación. También puede generar una escala suficiente para inversiones en almacenamiento y refuerzo de la red que, si se ejecutan correctamente, benefician a la economía en su conjunto.

EDP cuenta con más de 15 gigavatios de acuerdos de compra de energía firmados en todo el mundo, y más del 20 % están asociados a centros de datos. Solo en el último año, casi la mitad de la nueva capacidad contratada se destinó a este sector. Estas cifras muestran la magnitud de la demanda, pero también su potencial para acelerar proyectos energéticos que podrían haber tardado más en materializarse sin clientes dispuestos a asumir compromisos a largo plazo.

Nada de esto significa que deban ignorarse los riesgos. Sin una planificación adecuada, los centros de datos pueden ejercer presión sobre redes ya saturadas, competir por una capacidad eléctrica escasa y provocar una mala distribución de las inversiones públicas. Para evitar que los costes se repercutan en otros consumidores, es esencial que las nuevas conexiones vayan acompañadas de normas claras: quienes generan demanda deben contribuir de forma proporcional a la infraestructura necesaria, contratar energía adicional y aceptar soluciones flexibles de gestión del consumo.

Sines ilustra bien las dos caras de esta oportunidad. La instalación de grandes centros de datos, cables submarinos y proyectos energéticos puede convertir a la región en uno de los principales centros digitales de Europa. Al mismo tiempo, el crecimiento previsto requiere más viviendas, colegios, servicios, restauración, transporte y capacidad administrativa. Atraer la inversión es solo el principio. El verdadero reto consiste en integrar esta inversión en el territorio sin crear desequilibrios.

Portugal cuenta con unas condiciones excepcionales para beneficiarse de esta nueva economía: una producción renovable en crecimiento, su ubicación en el Atlántico, la conectividad internacional y la capacidad de atraer grandes proyectos tecnológicos. Pero el éxito dependerá de la ejecución. Será necesario invertir simultáneamente en energía, redes, talento y planificación urbana.

Los centros de datos no tienen por qué suponer una amenaza para el consumidor. Al contrario, pueden ayudar a modernizar el sistema eléctrico y a financiar la transición energética. Para ello, es necesario garantizar que el crecimiento se planifique, que los costes se distribuyan de forma equitativa y que el país no se limite a recibir infraestructuras, sino que también desarrolle las competencias y los beneficios económicos asociados a ellas.