En virtud del Reglamento sobre infraestructuras de combustibles alternativos (AFIR), los Estados miembros de la UE están trabajando para garantizar que haya estaciones de recarga rápida para coches eléctricos al menos cada 60 kilómetros a lo largo de la Red Transeuropea de Transporte (RTE-T), la principal red de autopistas del bloque.

Estas medidas forman parte de la estrategia más amplia de la UE para acelerar la transición hacia un transporte con bajas emisiones y reducir al mismo tiempo la «ansiedad por la autonomía», uno de los principales obstáculos que impiden a los conductores pasarse a los vehículos eléctricos.

Qué implican las nuevas normas

La legislación no se limita a exigir un mayor número de puntos de recarga. También establece requisitos mínimos de potencia de salida para garantizar que los conductores puedan recargar sus vehículos más rápidamente, al tiempo que fomenta sistemas de pago que permitan a los conductores utilizar los cargadores sin necesidad de múltiples suscripciones o tarjetas de socio.

El reglamento también incluye objetivos para la infraestructura de recarga de vehículos pesados de mercancías y tiene como objetivo mejorar la disponibilidad de estaciones de repostaje de hidrógeno a medida que se desarrollan las tecnologías de combustibles alternativos.

Portugal sigue ampliando su red

Portugal ya cuenta con una de las redes públicas de recarga más extensas de Europa en relación con su tamaño, con miles de puntos de recarga operativos a través de la red nacional Mobi.E.

Se han seguido realizando nuevas instalaciones en todo el país, especialmente en autopistas y en centros urbanos, lo que hace cada vez más práctico para los conductores realizar trayectos más largos en vehículo eléctrico.

Las rutas turísticas más populares, incluidas las que unen Lisboa, Oporto y el Algarve, han sido objeto de importantes inversiones a medida que la demanda de movilidad eléctrica sigue creciendo.

Apoyo a los objetivos climáticos de Europa

El transporte sigue siendo una de las mayores fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero de la UE, y la ampliación de la infraestructura de recarga se considera un paso clave para cumplir los objetivos climáticos del bloque.

Al mejorar el acceso a instalaciones de recarga fiables, los responsables políticos esperan fomentar una mayor adopción de los vehículos eléctricos, al tiempo que se facilitan los desplazamientos transfronterizos tanto para los residentes como para los turistas.

Aunque la implantación se llevará a cabo de forma gradual a lo largo de los próximos años, se espera que las nuevas normas creen una experiencia de recarga más homogénea en toda Europa, lo que hará que los viajes internacionales por carretera resulten cada vez más sencillos para los propietarios de vehículos eléctricos.