La legislación tiene como objetivo que todos los envases de la UE sean reciclables para 2030, aumentar la incorporación de materiales reciclados, limitar los formatos innecesarios y promover modelos de negocio circulares. La medida aborda los elevados niveles de residuos registrados en la UE, donde cada ciudadano generó una media de 178 kilogramos de residuos de envases en 2023, con el objetivo de frenar las previsiones de crecimiento continuo del sector y reducir la dependencia de Europa de las importaciones de combustibles fósiles.

Entre los requisitos clave de diseño ecológico establecidos en el reglamento se incluye la minimización del peso y el volumen de los envases, manteniendo al mismo tiempo su funcionalidad. Las plataformas de comercio electrónico estarán obligadas a reducir el espacio en las cajas de envío, y se prohíben los diseños de envases destinados a crear la ilusión de un mayor volumen del producto, salvo cuando estén protegidos por marcas registradas o derechos de diseño.

Además, los envases de plástico deben incorporar unos niveles mínimos de plástico reciclado postconsumo, con excepciones para los productos farmacéuticos, los productos de nutrición infantil y los productos sanitarios; también se prohíbe el uso de sustancias per- y polifluoroalquílicas (PFAS) en los envases que entren en contacto directo con los alimentos. La legislación también exige la eliminación gradual de diversos tipos de plástico de un solo uso a partir de principios de 2030.

Queda prohibido el uso de films y envoltorios de plástico para agrupar productos en el punto de venta, salvo cuando sea imprescindible para su manipulación. En el sector de las frutas y hortalizas, se restringe el uso de envases de plástico para productos que pesen menos de 1,5 kg, con excepciones únicamente cuando exista una necesidad técnica demostrada para evitar el deterioro de los alimentos o cuando no exista una alternativa económicamente viable. Además, los restaurantes y hoteles ya no podrán servir alimentos y bebidas en envases de plástico de un solo uso para su consumo en el local; también se suprime el suministro de raciones individuales de condimentos, salsas, azúcar y nata, salvo en los servicios de comida para llevar y en centros sanitarios o residencias de ancianos, al igual que el uso de pequeños frascos desechables de artículos de aseo en el sector hotelero.

El uso de bolsas de plástico muy ligeras se eliminará en gran medida, permitiéndose únicamente por motivos de higiene o para transportar alimentos a granel con el fin de evitar el desperdicio. Por último, en los servicios de entrega a domicilio y comida para llevar, los establecimientos están obligados a ofrecer la opción de envases reutilizables al mismo precio o a un precio inferior al de las opciones desechables.

Las nuevas directrices refuerzan la Responsabilidad Ampliada del Productor, asignando los costes financieros de las fases de recogida, clasificación y reciclaje del ciclo de vida de los envases a los productores mediante tasas moduladas que premian el diseño ecológico.

La Comisión Europea sostiene que la optimización de los formatos y la armonización de las normas no deberían aumentar los costes para el consumidor final, ya que prevé un posible ahorro en los gastos de transporte para las empresas. Para el ciudadano medio, los sistemas de clasificación doméstica y los contenedores de recogida no sufren cambios, al igual que los sistemas de depósito-reembolso (como el proyecto Volta en Portugal). Al mismo tiempo, los usuarios se benefician de un nuevo etiquetado armonizado diseñado para simplificar la clasificación. El marco jurídico exige que los Estados miembros alcancen una tasa global de reciclado de residuos de envases del 65 % para 2025 y del 70 % para 2030, al tiempo que establece objetivos progresivos para reducir los residuos per cápita para 2030, 2035 y 2040.