Hay algo casi mágico en los viajes.
En algún momento entre cerrar la puerta de casa y respirar por primera vez ese aire desconocido, nuestra forma habitual de ver las cosas empieza a cambiar. Los colores parecen más vivos. De repente, la arquitectura cobra importancia. Nos fijamos en la forma de una silla en una cafetería, en las voces que llegan de un mercado, en cómo la luz del sol incide sobre una pared antigua al atardecer.
Empezamos a mirar de nuevo.
Quizá por eso los artistas siempre han viajado. Un lugar nuevo rompe con nuestros hábitos visuales. Una luz, una arquitectura, una comida, unos sonidos y unas formas de vida diferentes obligan a la mente a salir del piloto automático —y para una persona creativa, eso es un regalo extraordinario.
Como artista y educadora, pienso en esto constantemente. La creatividad rara vez empieza por saber cómo sujetar un pincel o dar forma a un trozo de arcilla. Empieza mucho antes: con la curiosidad y la atención.
En entornos familiares, nuestro cerebro se vuelve maravillosamente eficiente. Conocemos la calle, el supermercado, la vista desde la ventana. Poco a poco, dejamos de observarlos con detenimiento.
Viajar rompe con esta rutina.
De repente, el desayuno se desarrolla de otra manera. La gente gesticula de forma diferente. Las calles tienen proporciones desconocidas. La luz tiene otra temperatura. Incluso el tiempo parece transcurrir a otra velocidad.
Y a veces la inspiración surge de algo aparentemente insignificante: un letrero descolorido de una tienda, una combinación inesperada de colores, un plato de cerámica en un restaurante diminuto o una frase que se oye por casualidad en la mesa de al lado.
Nunca se sabe dónde se esconde la inspiración.
Este verano, Venecia me lo recordó a la perfección.
Viajé allí para asistir a la 61.ª Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia, «In Minor Keys», concebida por el difunto comisario Koyo Kouoh y que se desarrolla en los Giardini, el Arsenale y distintos lugares de la ciudad hasta el 22 de noviembre de 2026.
Pero durante la Bienal, Venecia no se limita a acoger una exposición.
La ciudad se convierte en parte de ella.

Pabellón de los Países Nórdicos —Finlandia, Noruega y Suecia—. «¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?» reúne esculturas e instalaciones surrealistas de Klara Kristalova, Benjamin Orlow y Tori Wrånes, transformando el pabellón en un extraño paisaje nórdico donde las formas humanas, animales y míticas parecen fundirse.
Sales del pabellón y otra composición ya te espera fuera: agua verde contra yeso rosa descolorido, ropa tendida que se mece entre edificios, reflejos que se rompen al pasar una barca, piedra centenaria pulida por millones de pasos.
Tras varias horas rodeado de arte, empiezas a ver todo de otra manera.
Y eso, quizás, es el verdadero regalo de viajar de forma creativa.
No hace falta volver con un cuadro terminado ni con una gran revelación. Puede que vuelvas con una combinación de colores. Una fotografía. Una frase escrita rápidamente en tu móvil. Una idea para una pieza de cerámica.
O simplemente con la sensación de que el mundo ha vuelto a ser interesante.
Los museos importan. Las calles importan. La naturaleza importa. La arquitectura importa. Viajar importa. Conocer a personas que hacen las cosas de forma diferente a nosotros importa.
Cada nueva experiencia amplía silenciosamente el bagaje visual y emocional del que surge la creatividad.
Así que viaja cuando puedas. Llévate el cuaderno de bocetos. Entra en esa pequeña galería desconocida sin saber qué hay dentro. Fíjate en los edificios. Prueba comida que no conozcas. Observa cómo se viste la gente. Presta atención a la luz.
Y lo más importante: déjate llevar por la curiosidad.
Viajar no nos ofrece la inspiración ya hecha.
Simplemente nos despierta lo suficiente como para reconocerla.
Y a veces, un poco de geografía es todo lo que necesita la creatividad.
Julia Gurchenkova, máster en Bellas Artes, es artista, comisaria y fundadora de AAA en el Algarve. Viajar es una parte esencial de su práctica creativa: una forma de descubrir nuevos artistas, lugares y formas de ver el mundo. Como corresponsal especial de The Portugal News, comparte estos encuentros por toda Europa.
Sigue sus diarios de viaje visuales en Instagram @uolja.
Pie de foto de la imagen principal: Pabellón de Bélgica — «IT NEVER SSST», de Miet Warlop, una impactante actuación en directo que explora el lenguaje y su evolución. Las palabras se convierten en objetos físicos —que se transportan, se mueven, se rompen y se reconstruyen— transformando la comunicación en movimiento, ritmo y emoción.






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