Con el respaldo de Francia, México y Uruguay, la iniciativa se centra en la protección de los niños y aboga por definiciones más claras de los alimentos ultraprocesados. Sus defensores sostienen que las pruebas cada vez más numerosas de los riesgos para la salud asociados al consumo elevado justifican una intervención gubernamental más firme.

Créditos: Unsplash; Autor: HamZa NOUASRIA;

Brasil ya ha introducido restricciones sobre los alimentos ultraprocesados, limitándolos a no más del 10 % de las comidas escolares en todo el país. En Río de Janeiro y en el estado de Ceará, estos alimentos han sido prohibidos por completo en los menús escolares. Los críticos sostienen que las clasificaciones de los alimentos ultraprocesados pueden ser excesivamente amplias, mientras que los defensores afirman que la regulación podría ayudar a mejorar los resultados de salud pública a largo plazo.

«En los próximos años, tenemos que reducirla aún más, hasta llegar a cero», declaró el ministro de Salud, Alexandre Padilha, al periódico brasileño Estadão.