Uno de los casos más graves fue un ataque de estos cetáceos, que tuvo lugar a unos 90 kilómetros al suroeste de Peniche y que provocó el hundimiento del velero.

Según informó SIC notícias, había cinco personas a bordo: dos adultos, uno portugués y otro francés, y tres niños, que tuvieron que ser evacuados a una balsa salvavidas. La operación de búsqueda y rescate, coordinada desde Lisboa, contó con la participación de un barco pesquero local, una fragata de la Armada, una embarcación de rescate y un helicóptero de la Fuerza Aérea, este último el encargado de trasladar a la familia al hospital.

Este incidente es similar a otros sucesos recientes ocurridos frente a la costa portuguesa, como por ejemplo el caso de un velero que, mientras se dirigía a una regata en el norte del país, perdió la capacidad de maniobra porque los animales le habían destrozado el timón frente a la playa de Guincho, en Cascais.

Aunque los incidentes más graves se producen dentro del territorio nacional, estos mamíferos marinos también están presentes en toda la Península Ibérica, y se registran numerosos avistamientos en el norte de España.

En aguas gallegas, más concretamente a la entrada de la ría de Vigo, dos embarcaciones sufrieron daños en el timón en un plazo inferior a 24 horas. Tuvieron que ser asistidas por los servicios de salvamento marítimo españoles, que remolcaron a las tripulaciones sanas y salvas hasta el puerto de Baiona, tal y como informó Euro Weekly News.

La repetición de estos incidentes ha suscitado preocupación entre los profesionales del sector marítimo, lo que ha llevado a los operadores de excursiones en barco y a las escuelas de vela a limitar sus salidas y, en consecuencia, ha provocado una disminución del número de veleros que navegan por la costa hacia el sur de Portugal o el norte de Europa.

Aunque los daños han sido considerables y han provocado inquietud entre los navegantes, la comunidad científica ha descartado cualquier intención de agresión y rechaza la idea de que se trate de ataques deliberados contra las personas.

Los biólogos del Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques (ICNF) y los expertos en fauna marina han afirmado que este comportamiento, que se observó por primera vez en 2020 en tan solo tres ejemplares jóvenes, se debe a la curiosidad y a su carácter juguetón; y ahora se ha transmitido, mediante el aprendizaje social, a aproximadamente la mitad de la población ibérica, que asciende a solo 40 ejemplares. Los timones de las embarcaciones atraen a los animales porque son móviles y producen ruido en el agua.

Debido a estas interacciones con una especie estrictamente protegida y en peligro de extinción, las autoridades marítimas aconsejan a los navegantes que mantengan la calma, reduzcan la velocidad o detengan la embarcación, apaguen tanto el motor como el piloto automático, y eviten tocar a los animales o arrojar objetos al agua mientras esperan a que la manada se aleje de la zona de navegación.