El periódico francés *Le Figaro* ha destacado recientemente a Portugal como un «ejemplo de éxito económico» en una Europa caracterizada por un bajo crecimiento, y ha señalado, entre las razones de este buen resultado, la capacidad para atraer talento e inversión, el crecimiento del sector tecnológico, los incentivos a la investigación, la calidad de vida y la aparición de nuevas infraestructuras digitales y energéticas.

Las cifras ayudan a explicar esta atención. En el segundo trimestre, la economía portuguesa creció un 0,8 % con respecto a los tres meses anteriores y un 2,5 % interanual, destacando entre las economías de la zona del euro. Al mismo tiempo, las cuentas públicas han mejorado en los últimos años y la carga de la deuda pública se ha reducido significativamente. Se trata de una imagen muy diferente a la que proyectaba Portugal hace poco más de una década, cuando el país aparecía en la prensa internacional asociado principalmente a la crisis financiera, la austeridad y el rescate externo.

Pero el aspecto más interesante del análisis de *Le Figaro* radica en la transformación de la propia economía. El periódico destaca Lisboa y la «Fábrica de Unicornios», creada en 2022, que habrá contribuido a atraer a 17 startups internacionales valoradas en más de mil millones de euros. La capital portuguesa ha logrado posicionarse en un mercado en el que las ciudades compiten cada vez más por atraer empresas, emprendedores, ingenieros e inversiones. La calidad de vida, la seguridad, la disponibilidad de mano de obra cualificada y los programas diseñados para atraer a profesionales internacionales han adquirido así un valor económico que va mucho más allá del turismo.

La otra transformación está teniendo lugar en Sines. Portugal está empezando a aparecer en el mapa europeo de los centros de datos, una infraestructura que cobrará aún mayor importancia con el crecimiento de la inteligencia artificial. Según las cifras citadas por el periódico francés, hay más de 2,6 gigavatios de capacidad en fase de desarrollo en el país. La ubicación atlántica, los cables submarinos que conectan Europa con otros continentes y la creciente producción de energía renovable crean una combinación especialmente atractiva para este tipo de inversión.

Quizá este sea el cambio más relevante. Durante décadas, Portugal fue considerado esencialmente como una economía periférica, dependiente del turismo, la construcción y los sectores tradicionales. Hoy en día, aunque estos han dejado de ser importantes, nuevas piezas están empezando a encajar: tecnología, startups, talento internacional, energías renovables, centros de datos y conectividad digital.

Portugal sigue teniendo evidentes problemas estructurales, desde la baja productividad hasta los salarios y la vivienda, y sería prematuro hablar de un milagro económico. Pero cuando uno de los principales periódicos europeos empieza a ver al país no solo como un destino turístico, sino como un posible centro tecnológico, energético y empresarial, quizá merezca la pena prestar atención.

Porque, a veces, quienes están fuera pueden percibir una transformación antes que quienes, desde dentro, están demasiado ocupados debatiéndola.